expedición de Franklin
|
Historia · Archivo

Los barcos que el hielo no devolvió

La expedición de Franklin partió hacia el Ártico en 1845 con dos navíos reforzados, tecnología avanzada para su tiempo y provisiones para varios años.

Ninguno de sus 129 hombres regresó.

Documentos, testimonios inuit, arqueología, restos humanos, barcos encontrados bajo el mar y, más recientemente, análisis de ADN han permitido reconstruir fragmentos de una historia que comenzó hace más de 180 años.

Y todavía no ha terminado.

EL ÚLTIMO VIAJE

El 19 de mayo de 1845, el HMS Erebus y el HMS Terror zarparon de Inglaterra bajo el mando de Sir John Franklin.

Su objetivo era completar la navegación del Paso del Noroeste, aquella ruta que durante siglos había atraído exploradores europeos hacia el laberinto de islas, estrechos y hielo del Ártico canadiense.

Después de una escala en Groenlandia, cinco hombres fueron enviados de regreso.

Los 129 restantes continuaron hacia el norte.

La expedición parecía preparada para casi cualquier escenario.

Los barcos habían sido reforzados para navegar entre hielos y transportaban alimentos suficientes para varios años. Incorporaban incluso algunas de las tecnologías navales más avanzadas disponibles para la época.

Después, desaparecieron.

EL SILENCIO

Durante los primeros años apenas hubo razones para alarmarse.

Las expediciones árticas podían permanecer incomunicadas durante largos periodos.

Pero a medida que pasó el tiempo sin noticias, comenzaron las búsquedas.

Decenas de expediciones británicas, estadounidenses y privadas se internaron en el Ártico intentando encontrar a Franklin y sus hombres.

Irónicamente, aquellas búsquedas terminarían cartografiando enormes regiones del norte canadiense.

Pero encontrar a los desaparecidos resultó mucho más difícil.

UN MENSAJE ENTRE LAS PIEDRAS

La prueba documental más importante apareció años después en un pequeño cairn de piedra de Victory Point, en la isla del Rey Guillermo.

Dentro había una hoja con dos mensajes escritos en momentos diferentes.

Durante generaciones, su destino fue uno de los grandes enigmas de la exploración polar. Pero aquello que alguna vez pareció un misterio casi absoluto ha ido cambiando lentamente.

El primero, fechado en mayo de 1847, parecía tranquilizador.

Informaba que la expedición había pasado el invierno anterior en la isla Beechey y que los barcos permanecían atrapados en el hielo desde septiembre de 1846.

“Todo bien”, indicaba esencialmente aquella primera anotación.

Pero alguien volvió a utilizar la misma hoja once meses después.

El segundo mensaje, fechado en abril de 1848, describía una situación completamente distinta.

Veinticuatro oficiales y hombres habían muerto.

Entre ellos estaba Sir John Franklin, fallecido el 11 de junio de 1847.

Los 105 supervivientes habían abandonado el Erebus y el Terror y comenzaban una marcha hacia el sur, en dirección al río Back.

Nunca llegaron.

Durante décadas, aquella hoja fue prácticamente la frontera entre lo documentado y lo desconocido.

LO QUE LOS INUIT YA SABÍAN

Mientras los exploradores europeos buscaban pistas, las comunidades inuit de la región conservaban testimonios sobre lo ocurrido.

Sus relatos hablaban de hombres blancos debilitados que avanzaban por el hielo.

Describían cadáveres.

Objetos procedentes de los barcos.

Campamentos abandonados.

Incluso información sobre lugares donde uno de los navíos podía haber terminado.

En 1854, el explorador John Rae recogió testimonios inuit que hablaban también de señales de canibalismo entre algunos de los hombres en las últimas etapas de la tragedia.

La noticia provocó un escándalo en la sociedad victoriana.

La idea de que oficiales y marineros británicos hubieran recurrido al consumo de restos humanos fue rechazada por numerosos contemporáneos.

Pero más de un siglo después la arqueología comenzó a aportar evidencia física.

Restos humanos recuperados en la región presentaban marcas de corte.

Investigaciones posteriores documentaron fracturas y alteraciones compatibles con un procesamiento extremo de los huesos para obtener nutrientes.

No es un detalle que necesite morbo.

Es evidencia del nivel de desesperación alcanzado por algunos supervivientes.

LOS BARCOS REGRESAN

Durante generaciones permaneció una pregunta aparentemente sencilla:

¿Dónde estaban el Erebus y el Terror?

La respuesta llegó más de siglo y medio después.

En septiembre de 2014 fue localizado el HMS Erebus.

Dos años más tarde apareció el HMS Terror, extraordinariamente bien conservado bajo las aguas de Terror Bay.

Los descubrimientos utilizaron tecnología moderna —incluidos sistemas de sonar y arqueología subacuática—, pero también fueron posibles gracias al conocimiento tradicional inuit.

En el caso del Terror, el testimonio de Sammy Kogvik sobre un objeto que había observado sobresaliendo del hielo años antes ayudó a orientar la búsqueda hacia el lugar correcto.

El antiguo misterio no desapareció.

Simplemente cambió de forma.

Ya sabemos dónde terminaron los barcos.

Ahora intentamos entender qué ocurrió con sus tripulantes.

UN HOMBRE RECUPERA SU NOMBRE

La ciencia sigue reconstruyendo la expedición incluso en el siglo XXI.

En 2024, investigadores lograron identificar mediante análisis genético unos restos encontrados en la isla del Rey Guillermo.

Pertenecían a James Fitzjames.

Fitzjames había sido capitán del Erebus y uno de los oficiales de mayor rango de la expedición.

La identificación fue posible comparando ADN obtenido de los restos con el de un descendiente de su familia.

Después de más de 175 años, un conjunto de huesos dejó de ser simplemente “un miembro de la expedición”.

Volvió a tener nombre.

El hallazgo añadió además otro elemento inquietante.

La mandíbula identificada presentaba marcas de corte compatibles con aquellas observadas previamente en otros restos asociados con canibalismo de supervivencia.

Incluso los oficiales superiores pudieron terminar compartiendo el mismo destino extremo que otros miembros de la expedición.

¿QUÉ LOS MATÓ?

No existe una explicación única demostrada.

Se han investigado numerosos factores.

El frío extremo.

El hambre.

El escorbuto.

Las enfermedades.

Las deficiencias nutricionales.

El agotamiento.

La exposición al plomo.

La dificultad de transportar embarcaciones y enormes cantidades de equipo sobre un territorio cubierto de hielo y roca.

Durante años adquirió fuerza la hipótesis de una intoxicación significativa por plomo después de encontrarse concentraciones elevadas del metal en algunos restos.

Se propuso que las latas de comida o incluso componentes de los sistemas de agua de los barcos podían haber contribuido.

Pero las investigaciones posteriores han mostrado una historia más compleja.

La presencia de plomo es real.

Convertirla en la explicación total del desastre no lo es.

La interpretación más prudente es probablemente acumulativa.

Hombres progresivamente debilitados enfrentándose a inviernos prolongados, alimentación limitada, enfermedad, cansancio, frío y finalmente hambre extrema.

Pero desconocemos todavía cómo se desarrolló exactamente aquella secuencia.

EL MISTERIO DESPUÉS DEL MISTERIO

Durante más de un siglo, la gran pregunta fue:

¿Dónde están los barcos de Franklin?

Ya tenemos una respuesta.

Pero el hallazgo del Erebus y del Terror abrió preguntas nuevas.

¿Cuánto tiempo permanecieron algunos hombres en los barcos después de 1848?

¿Por qué el Terror terminó tan lejos del lugar donde oficialmente había sido abandonado?

¿Regresó algún grupo a los navíos?

¿Cuánto sobrevivieron los distintos grupos que avanzaron hacia el sur?

¿Qué información permanece todavía encerrada dentro de los barcos?

Cada objeto recuperado del fondo del mar y cada identificación genética reduce un poco el espacio de lo desconocido.

La expedición de Franklin demuestra que encontrar una respuesta no siempre destruye un misterio.

A veces simplemente revela una pregunta mejor.

FUENTES Y REFERENCIAS

Parks Canada. Sitio Histórico Nacional de los Pecios del HMS Erebus y HMS Terror. Documentación histórica, arqueológica y relativa a la búsqueda de la expedición de Franklin.

Stenton, Douglas R.; Fratpietro, Stephen; Park, Robert W. “Identification of a senior officer from Sir John Franklin’s Northwest Passage expedition”. Journal of Archaeological Science: Reports, 2024.

Mays, Simon; Beattie, Owen. “Evidence for End-stage Cannibalism on Sir John Franklin’s Last Expedition to the Arctic, 1845”. International Journal of Osteoarchaeology.

Parks Canada. Documentación sobre la localización del HMS Erebus y HMS Terror y la participación del conocimiento tradicional inuit.

Seguir explorando