El Misterio del Mary Celeste: Sin nadie a bordo
Diez personas desaparecieron en el Atlántico en 1872. Su barco fue encontrado días después todavía a flote, con provisiones, pertenencias y casi toda su carga. Faltaban una pequeña embarcación y quienes habían viajado en ella. Desde entonces, el verdadero misterio no es dónde apareció el Mary Celeste, sino por qué alguien decidió abandonarlo.
Un barco apareció donde nadie debía estar
A principios de diciembre de 1872, la tripulación del Dei Gratia divisó otra embarcación en el Atlántico, a cientos de kilómetros al este de las Azores.
Algo no encajaba.
El barco navegaba, pero lo hacía de forma irregular. Algunas velas estaban desplegadas y otras dañadas. No se veía a nadie en cubierta y las señales realizadas desde el Dei Gratia quedaron sin respuesta.
El capitán David Morehouse decidió aproximarse.
Cuando sus hombres abordaron aquella embarcación descubrieron que era el Mary Celeste, un bergantín estadounidense que había salido de Nueva York varias semanas antes con destino a Génova.
No encontraron a nadie.
A bordo deberían haber estado diez personas: el capitán Benjamin Spooner Briggs, su esposa Sarah, su hija Sophia de dos años y siete tripulantes. Ninguno volvería a ser visto.
El barco, sin embargo, permanecía allí.
Ese detalle cambiaría para siempre la historia.
Nueva York, 7 de noviembre de 1872
El viaje había comenzado con normalidad.
El Mary Celeste transportaba 1,701 barriles de alcohol industrial desde Nueva York hasta Génova. Briggs era un capitán experimentado y llevaba consigo a su esposa y a su pequeña hija, algo difícil de conciliar con la imagen posterior de una expedición temeraria o una tripulación improvisada.
Después de esperar una mejoría del tiempo cerca de Staten Island, el barco se hizo finalmente a la mar el 7 de noviembre. Durante las semanas siguientes atravesó condiciones complicadas en el Atlántico.
La última anotación conocida del viaje corresponde al 25 de noviembre.
El Mary Celeste se encontraba entonces cerca de Santa Maria, una de las islas Azores.
Después, el registro se interrumpe.
Entre aquella última posición y el momento en que el barco fue encontrado transcurrieron aproximadamente nueve o diez días.
En algún punto de ese intervalo todos abandonaron la nave.
Lo extraño no era lo que había desaparecido
La imagen popular del Mary Celeste suele presentar una escena casi imposible: comida caliente sobre la mesa, tazas a medio beber y personas evaporadas en mitad de una actividad cotidiana.
La documentación histórica es menos espectacular.
Y mucho más interesante.
Había alrededor de tres pies y medio de agua en la parte baja del barco, pero una cantidad insuficiente para hundirlo. Una de las bombas había sido desmontada. Algunas escotillas estaban abiertas o desplazadas y las velas mostraban deterioro. Sin embargo, el casco seguía siendo navegable y el Dei Gratia consiguió llevarlo posteriormente hasta Gibraltar.
Las provisiones permanecían a bordo. También las pertenencias personales.
De los 1,701 barriles de alcohol, la inmensa mayoría estaba intacta; posteriormente se comprobaría que nueve estaban vacíos.
Pero había ausencias mucho más significativas.
Faltaba el bote auxiliar.
También habían desaparecido instrumentos de navegación y parte de los documentos del barco.
Ese detalle sugiere algo fundamental: la tripulación probablemente no desapareció del Mary Celeste. Lo abandonó.

¿Por qué abandonar un barco que todavía flotaba?
Ésa es la pregunta central.
En el mar, abandonar una embarcación relativamente segura para subirse a un pequeño bote es una decisión extrema.
Un capitán experimentado como Briggs difícilmente habría tomado esa decisión sin creer que permanecer a bordo implicaba un riesgo mayor.
La investigación de Gibraltar trató de encontrar ese riesgo.
El fiscal Frederick Solly-Flood sospechó homicidio, motín o fraude. Se examinaron marcas del casco y manchas que inicialmente parecían sospechosas. Pero la investigación no consiguió demostrar que se hubiese cometido un crimen. Las autoridades terminaron permitiendo que el barco continuara viaje y el tribunal reconoció el salvamento realizado por el Dei Gratia, aunque otorgó una recompensa inusualmente reducida.
El tribunal no solucionó el misterio.
Pero eliminó una parte considerable de las explicaciones más dramáticas.
No había evidencia convincente de piratas.
No existía prueba de un asesinato colectivo.
No se encontró una lucha que explicara la desaparición de diez personas.
El problema seguía estando en el bote que faltaba.
Nueve barriles vacíos
Durante mucho tiempo, el cargamento de alcohol ha ocupado el centro de una de las explicaciones más conocidas.
Nueve barriles terminaron apareciendo vacíos. Investigaciones posteriores señalaron que estaban fabricados con un tipo de madera más porosa que la empleada en los demás, por lo que pudieron haber perdido alcohol durante el viaje.
Esto permite imaginar un escenario.
El alcohol que escapaba de los barriles habría podido generar vapores en la bodega. Briggs pudo temer un incendio o una explosión y ordenar que todos subieran temporalmente al bote mientras éste permanecía unido mediante una cuerda al barco.
Si la cuerda se rompió, una ráfaga bastaba para producir una tragedia absurda: diez personas contemplando desde un pequeño bote cómo su barco —mucho más seguro— se alejaba navegando sin ellas.
La idea es físicamente posible.
Pero no está demostrada.
Los hombres que abordaron el barco no informaron de un fuerte olor a alcohol y la escotilla principal estaba asegurada, circunstancias que debilitan una versión sencilla de esta hipótesis.

Una explicación menos espectacular
Una investigación moderna dirigida por Anne MacGregor reconstruyó el viaje utilizando registros meteorológicos históricos y la posición conocida del barco.
El escenario resultante requiere menos elementos extraordinarios.
Briggs pudo estar navegando con una estimación equivocada de su posición, quizá relacionada con su cronómetro. El barco había soportado mal tiempo. Una bomba estaba fuera de servicio o desmontada y la acumulación de agua podía resultar difícil de evaluar con precisión debido al cargamento y las condiciones del barco.
Entonces apareció tierra.
Santa Maria.
Era posiblemente la última oportunidad razonable de alcanzar un lugar seguro antes de entrar nuevamente en mar abierto.
Si Briggs creyó que el barco estaba recibiendo más agua de la que podía expulsar, ordenar un abandono temporal mientras mantenían la embarcación cerca mediante un cabo dejaba de ser una decisión irracional.
Podía ser una decisión equivocada basada en información incompleta.
Y eso quizá sea mucho más inquietante.
El misterio que inventó otro misterio
En 1884, doce años después de la desaparición, un joven Arthur Conan Doyle publicó de manera anónima el relato J. Habakuk Jephson’s Statement.
Utilizó el caso como punto de partida, pero modificó nombres, fechas, cargamento y circunstancias. Incluso llamó al barco Marie Celeste, en lugar de Mary Celeste. En su ficción aparecen detalles que nunca pertenecieron al caso real.
El relato tuvo un efecto inesperado.
Fue tan convincente que algunas personas comenzaron a tratar elementos ficticios como si fueran documentación histórica.
Con el tiempo surgieron comidas aún calientes, tazas abandonadas, relojes detenidos, desapariciones sobrenaturales, monstruos marinos, el Triángulo de las Bermudas y conspiraciones de todo tipo.
La cultura popular había empezado a investigar otro barco.
Uno que nunca existió.

Lo que ocurrió después
El propio barco sobrevivió.
Después de Gibraltar llegó finalmente a Génova y continuó durante años como embarcación mercante.
En otras palabras, el llamado «barco fantasma» no estaba condenado, ni destruido, ni inexplicablemente inutilizado.
Era un barco que podía navegar.
Y eso aumenta el peso de la decisión tomada por Briggs.
Quienes estuvieron a bordo durante la madrugada o mañana del 25 de noviembre pudieron haber creído sinceramente que abandonar el Mary Celeste era su única posibilidad de supervivencia.
Probablemente ocurrió lo contrario.
El barco siguió adelante.
Ellos desaparecieron.

Lo que sabemos y lo que no
Sabemos que diez personas partieron de Nueva York a bordo del Mary Celeste y que el barco fue posteriormente encontrado sin ellas. Sabemos que faltaban el bote y diversos instrumentos de navegación, mientras que las pertenencias, provisiones y prácticamente toda la carga seguían a bordo. Esos elementos hacen del abandono voluntario una explicación mucho más sólida que una desaparición instantánea o sobrenatural.
No sabemos qué amenaza percibió Briggs. Un problema con las bombas, una lectura errónea del nivel de agua, el mal tiempo, la navegación y el temor relacionado con la carga pudieron combinarse, pero ninguna reconstrucción puede demostrar la secuencia exacta.
Tampoco sabemos qué ocurrió después de que entraran al bote.
Aquí termina la evidencia.
Y comienza el océano.
Un barco no tiene que desaparecer para convertirse en un fantasma
El Mary Celeste ha sobrevivido en la imaginación durante más de siglo y medio porque invierte una de las imágenes más antiguas del naufragio.
Normalmente desaparece el barco y quedan los supervivientes para contarlo.
Aquí sobrevivió el barco.
Quienes podían explicar lo sucedido fueron los que desaparecieron.
Quizá nunca sepamos cuál fue la amenaza que Benjamin Briggs creyó ver aquella mañana de noviembre. Pero hay algo que la evidencia permite decir con bastante seguridad: las diez personas del Mary Celeste probablemente no fueron arrancadas misteriosamente de un barco seguro.
Eligieron dejarlo.
Y en algún momento después de aquella decisión, el Atlántico convirtió un error, un temor o una emergencia en una historia sin testigos.
FUENTES UTILIZADAS
La reconstrucción se apoya principalmente en la documentación histórica resumida por Smithsonian Magazine, incluida la investigación moderna de Anne MacGregor y Phil Richardson; en el análisis histórico de la Historical Association; y en la información del proceso de salvamento conservada por el Gobierno de Gibraltar. Para la influencia literaria se consultó también el texto de Arthur Conan Doyle conservado por Project Gutenberg.