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Historia · Archivo · Expediente

Clipperton: los olvidados de la Isla de la Pasión

Durante años, soldados, mujeres y niños mexicanos esperaron en un atolón perdido del Pacífico el barco que debía regresar por ellos. Cuando finalmente apareció una nave en 1917, solo quedaban once sobrevivientes.

Desde el mar, Clipperton parece demasiado pequeña para contener una tragedia.

Un estrecho anillo de coral y arena rodea una laguna en medio del Pacífico, a más de mil kilómetros de la costa mexicana. No existen montañas que oculten el horizonte ni bosques hacia los cuales escapar. Durante años, quienes vivieron allí pudieron mirar en todas direcciones y encontrar siempre lo mismo: agua.

A principios del siglo XX, aquel territorio —conocido también en México como Isla de la Pasión— se encontraba en el centro de una disputa entre México y Francia. México estableció allí una presencia permanente y envió una guarnición encabezada por el capitán Ramón Arnaud Vignon, acompañada por trabajadores y familias.

Nadie podía imaginar que, pocos años después, aquella ocupación territorial terminaría convertida en una de las historias más perturbadoras del Pacífico mexicano.

Una bandera en medio del océano

Clipperton había adquirido importancia por sus depósitos de guano, utilizado entonces como fertilizante. Empresas extranjeras participaron en su explotación, mientras México y Francia discutían a quién pertenecía el atolón.

México sostuvo su soberanía y mantuvo una pequeña colonia. Ramón Arnaud quedó al frente de la guarnición acompañado por su esposa, Alicia Rovira, soldados, trabajadores, mujeres y niños.

Pero en 1910 comenzó la Revolución Mexicana.

Un país que apenas podía mantener comunicaciones, suministros y estabilidad dentro de su propio territorio tenía ahora que sostener una comunidad aislada a más de mil kilómetros de su costa.

Las visitas comenzaron a espaciarse.

Después dejaron de llegar.

Hacia 1914, la pequeña comunidad mexicana de Clipperton rondaba las cuarenta personas. Entre ellas había militares, trabajadores, esposas y numerosos niños.

En una isla semejante, sobrevivir dependía del exterior.

Esperar un barco que nunca llega

Clipperton ofrecía peces, aves y algunos cocos, pero no una dieta suficiente para mantener indefinidamente a una comunidad.

Cuando desaparecieron los suministros regulares comenzó una crisis lenta.

El enemigo más devastador fue el escorbuto, una enfermedad provocada por una deficiencia prolongada de vitamina C.

Uno a uno, los habitantes comenzaron a enfermar.

Las encías sangraban. Las heridas dejaban de cicatrizar. Los cuerpos perdían fuerzas.

Y desde la playa seguían vigilando el horizonte.

En algún momento aparecería un barco.

Tenía que aparecer.

Pero los meses se convirtieron en años.

La Revolución, las dificultades de comunicación y la desorganización política de México habían convertido una remota misión territorial en una comunidad prácticamente abandonada a su suerte.

La última salida de Ramón Arnaud

Para 1916 quedaban muy pocos hombres.

En octubre de aquel año, Ramón Arnaud y varios de los últimos varones intentaron alcanzar una embarcación que creyeron divisar en el horizonte.

Nunca regresaron.

Las reconstrucciones históricas difieren en algunos detalles de aquel episodio, pero coinciden en su desenlace esencial: Arnaud murió en el mar.

La comunidad quedó reducida principalmente a mujeres y niños.

Entonces permaneció un solo hombre adulto en la isla.

Se llamaba Victoriano Álvarez.

Era el encargado del faro.

El último hombre

Aquí la tragedia cambia.

Hasta entonces, el enemigo había sido el océano, el hambre, la enfermedad y el abandono.

Ahora estaba dentro de la propia isla.

Los testimonios de los sobrevivientes y las reconstrucciones posteriores describen a Victoriano Álvarez proclamándose una especie de “rey de Clipperton” y sometiendo a las mujeres y niños que permanecían allí a un régimen de amenazas y violencia.

Las fuentes le atribuyen abusos sexuales, agresiones y asesinatos.

Es necesario distinguir entre lo plenamente documentado y los detalles reconstruidos posteriormente. No existe un registro independiente y cotidiano de cada acontecimiento de aquellos meses. Buena parte de lo que sabemos procede de los testimonios de quienes sobrevivieron.

Pero el núcleo de la historia es consistente: Álvarez ejerció un control violento sobre la pequeña comunidad.

Finalmente, las mujeres decidieron terminar con aquello.

En julio de 1917, Tirsa Rendón, con participación de otras sobrevivientes, mató a Victoriano Álvarez.

Después de años esperando ayuda ocurrió entonces una coincidencia que parece creada para una novela.

Un barco apareció en el horizonte.

El Yorktown

Era el USS Yorktown, un buque de la Marina de Estados Unidos.

Llegó a Clipperton en julio de 1917.

Su tripulación encontró a los últimos sobrevivientes mexicanos de la colonia.

Eran once personas.

Cuatro mujeres.

Siete niños.

El rescate tuvo lugar el 18 de julio de 1917.

Los sobrevivientes fueron llevados a bordo y posteriormente trasladados a Salina Cruz.

Por primera vez en años, la isla quedó atrás.

Habían sobrevivido al aislamiento, al hambre, al escorbuto, a la muerte de familiares y compañeros y a la violencia del último periodo de la colonia.

No regresarían.

La isla que México también perdió

La tragedia humana terminó en 1917.

La disputa territorial tardaría todavía catorce años más en resolverse.

México y Francia habían acordado desde 1909 someter la soberanía de Clipperton a un arbitraje internacional. El encargado de decidir sería el rey Víctor Manuel III de Italia.

El 28 de enero de 1931, el árbitro resolvió que la soberanía de la isla correspondía a Francia.

México terminó aceptando el laudo y Clipperton dejó de figurar como parte del territorio nacional.

Actualmente continúa bajo soberanía francesa.

La pequeña colonia mexicana desapareció.

La isla permaneció.

Lo que queda cuando todos se han ido

Hoy Clipperton está deshabitada.

El océano continúa golpeando el mismo arrecife y la laguna permanece encerrada dentro de aquel anillo diminuto.

Pero la historia de Clipperton es más inquietante que la simple pérdida de un territorio.

Aquí no desapareció una expedición cuyo destino nunca llegamos a conocer.

Sabemos qué ocurrió.

Sabemos quiénes estaban allí.

Sabemos que esperaron.

Y sabemos que durante demasiado tiempo nadie llegó.

Quizá por eso su antiguo nombre mexicano, Isla de la Pasión, posee ahora una resonancia que nadie pudo prever.

Clipperton no necesita leyendas para resultar extraordinaria.

La verdadera historia contiene aislamiento, hambre, enfermedad, muerte, abuso, supervivencia y una espera de años frente a un horizonte vacío.

El misterio no consiste en descubrir qué ocurrió en aquella isla.

Consiste en comprender cómo una pequeña comunidad pudo permanecer allí, aguardando ayuda, mientras el resto del mundo continuaba mucho más allá del océano.

Fuentes utilizadas

Marta María Lorente Sariñena y Elisa Speckman Guerra — Isla de la Pasión/Clipperton: algo más que un arbitraje histórico — Anuario de Historia del Derecho Español — 2024.

Ciencia y Desarrollo — documentación histórica sobre la colonia mexicana de Clipperton y sus sobrevivientes — núm. 149 a 1999.

Víctor Manuel III — Arbitral Award on the Subject of the Difference Relative to the Sovereignty Over Clipperton Island — 28 de enero de 1931.

Office of the Historian, U.S. Department of State — documentación diplomática relativa al arbitraje y soberanía de Clipperton.

Registro histórico del USS Yorktown y documentación fotográfica de los sobrevivientes de Clipperton — 1917.

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